La curva del enfado

Hablemos de esos momentos con nuestros peques que, con mucha probabilidad, pueden ser los más retadores y los que más nos cuestan gestionar.
Los enfados.
Llámale rabietas, conflictos, desencuentros…
Para ello, quiero presentarte una herramienta que puede ayudarte mucho a comprender cómo funciona el enfado y entender así cómo puedes acompañar a tu peque en esos momentos.
Incluso a ti misma…

Es la curva del enfado.

La curva del enfado o curva de la hostilidad es una herramienta de educación emocional desarrollada por 𝘈𝘭𝘭𝘢𝘪𝘳𝘦 𝘺 𝘔𝘤 𝘕𝘦𝘪𝘭𝘭 que nos ayuda a afrontar esos comportamientos hostiles que todas tenemos en un momento de conflicto.
Conocer esta curva ayudará a que dejes de sentirte perdida en medio del torbellino emocional y empieces a acompañar a tu peque con más serenidad, más empatía y menos culpa.
Las reacciones de enfado suelen seguir el mismo patrón en todas las personas. Es un patrón compuesto por 6 fases que tienen una intensidad muy variable y diferente entre cada una de ellas.

Fase 1: Fase racional

La mayor parte del tiempo, los peques (y los adultos también) están aquí: en un estado en el que pueden conversar, escuchar, negociar y poner en palabras lo que sienten.
Aquí todavía hay espacio para prevenir conflictos: redirigir, anticipar, ofrecer alternativas, acompañar.
Es la fase más fértil para educar, enseñar habilidades y poner límites desde la calma.

Fase 2: Fase de “disparo” o “salida”

Algo ocurre  (una frustración, un límite, un “no”…) y nuestro peque se dispara.
Aquí la emoción toma el mando: puede gritar, llorar fuerte, empujar, decir cosas hirientes o mostrarse hostil.
En esta fase no sirve razonar. Su cerebro está en modo protección.
Lo que sí funciona es escuchar sin juicios, validar su malestar, sostener tu propio límite desde la calma y no añadir leña al fuego.
No es que “no quiera escucharte”, es que en esta fase literalmente NO PUEDE.

Fase 3: Fase de enlentecimiento

La intensidad no dura para siempre. Si el adulto no provoca más y mantiene la calma, el pico empieza a bajar.
Aquí notarás la respiración más suave, el cuerpo menos tenso, el llanto que disminuye y más pausas.
Tu presencia tranquila actúa como regulador externo.

Fase 4: Fase de afrontamiento

Aquí es cuando podemos intervenir de verdad. Nuestro peque empieza a estar disponible para escuchar, conectar emocionalmente y entender lo que ha pasado.
Lo que más ayuda en esta fase es empatizar (“has pasado un mal rato”), reconocer la emoción (“te enfadaste muchísimo”), permitir que se exprese sin juzgar y ofrecer contacto si lo desea.
En esta fase puedes apagar o reducir la ira desde la conexión.

Fase 5: Fase de enfriamiento

Cuando nuestro peque siente comprensión y sostén, aparece la calma. El sistema nervioso vuelve a un estado regulado.
Aquí puedes acompañar con suavidad, silencio, presencia o un abrazo.
No es el momento de largas conversaciones; es el momento de reconectar.

Fase 6: Fase de solución de problemas

Sólo cuando nuestro peque vuelve al estado racional es posible abordar: qué pasó, qué aprendizaje podemos sacar, qué alternativa usar la próxima vez o cómo reparar si hizo daño a alguien
Aquí sí hay espacio para educar y ayudarle a crecer con nuevas herramientas.

¿Por qué es importante conocer esta curva como familia?

  • Para dejar de tomarnos el enfado como algo personal
  • Para saber qué hacer en cada momento (y qué NO hacer)
  • Para acompañar desde la calma en lugar de entrar en la escalada
  • Para enseñar a nuestro peque a autorregularse con el tiempo
  • Para fortalecer el vínculo incluso en los momentos difíciles
  • Para entender que el enfado no es un enemigo, sino una emoción compleja que necesita acompañamiento adecuado en cada fase
En mi trabajo con las Familias Girasol nos adentramos en el conocimiento de estas emociones complejas para que los peques sean capaces de identificarlas de forma autónoma y desarrollar herramientas para regularlas.
Además, dedicamos mucho tiempo a observar todo aquello que tenemos en nuestra vida que nos despierta este tipo de emociones. De esta forma, nos estamos anticipando a posibles conflictos y construyendo toda una mochila de recursos para afrontarlos cuando aparezcan.

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