Amistades tóxicas en la infancia

Hoy quiero invitarte a reflexionar sobre las amistades tóxicas en la infancia y la influencia que tienen en el bienestar de nuestros peques.
Vamos a analizar cada aspecto por separado.

Empecemos hablando del concepto “persona tóxica”. 

Actualmente hay un debate abierto entre expertos sobre si este término existe o no existe.
Yo tengo mi propia opinión y es la que quiero compartir contigo.
Antes de catalogar o etiquetar a una persona como “tóxica”, creo que es más adecuado hablar de comportamientos tóxicos. Esto nos permite también ampliar la mirada compasiva hacia la otra persona. Y, además, no nos podemos olvidar del grado de subjetividad que hay implícito en esta visión. Porque lo que es un comportamiento tóxico para mí, puede no serlo para ti.
Por tanto, es importante que partamos de la base de que estas personas que están generando cierto sufrimiento a nuestros peques, están expresando un comportamiento disruptivo, dañino, incluso manipulador. Y eso es lo que genera esa sensación de toxicidad, de tener claro que eso no le hace bien a mi peque.
Y, por consiguiente, es más recomendable que se relacione con persona con otro perfil. Pero no significa que sean personas horribles que no merecen el mismo amor y respeto que tu peque.
Sé que no es tan sencillo como suena por aquí escrito. Ahora profundizamos en ello.
Pero antes de pasar al siguiente punto, quiero invitarte a pensar en la otra cara de la moneda. Puede que tu peque sea el que tenga esos comportamientos dominantes o “tóxicos”. Porque ha aprendido que es su forma de relacionarse.
Así que, en realidad, sea cual sea la cara de la moneda con la que sientes que tu peque puede sentirse más identificado, estamos hablando de una misma moneda. Lo que ocurre es que, quizás, hay personas que no tienen por qué establecer una relación porque no se hacen bien mutuamente.

Vamos ahora al siguiente punto: las amistades en la infancia.

Después del entorno familiar más cercano y de la maestra o maestro, las amistades son la siguiente fuente de influencia en la construcción de la autoestima de tu peque. De lo que reciba y de lo que dé en estas interacciones, irá extrayendo información sobre quién es, qué aporta a los demás, qué se le da bien/mal, qué papel ocupa dentro de un grupo… Toda esta información va definiendo su autoconcepto, que es la opinión que tu peque tiene sobre sí mismo. Y entonces empieza el juego de la pescadilla que se muerde cola.
Como he aprendido, gracias a mis interacciones con mis iguales, que siempre me toca obedecer en un juego… construyo una opinión sobre mí misma de ser una persona sumisa que tiene que obedecer para poder ser parte del grupo. Por tanto, cada vez que esté en grupo o con determinadas personas, me voy a comportar siempre así. Pero, ¿qué ocurre cuando llego a casa? Que lo siento como un lugar seguro donde sé que puedo expresarme con confianza y donde ya no me apetece obedecer cualquier cosa o estarme calladita para ser parte del grupo, porque sé que aquí ya tengo mi sitio y no me lo tengo que ganar. Así que pego gritos a mi hermana pequeña constantemente porque no quiero que me quite mi lugar y saco toda mi potencia mandona de mi interior para decir y ordenar todo lo que no puedo expresar con mis amistades.
¿Te resuena?
Por tanto, es fundamental que en la construcción de ese autoconcepto vayamos introduciendo otros mensajes y otras herramientas. Para que, a pesar de tener la experiencia negativa con algunas personas, podamos hacer que tu peque reciba otro tipo de información que cuide y ponga en valor quién es de verdad.

Y ahora vayamos al gran meollo de la cuestión: las amistades tóxicas y su influencia en tu peque.

Aquí nos vamos a centrar en esas relaciones que tiene tu peque con otros niños y niñas que tú sabes que no le hacen bien. Pero claro, desde tu mirada adulta. Estoy segura de que puedes pensar en alguien con nombre y apellidos.
Y aquí hay una cuestión de base fundamental: tu peque tiene y mantiene este tipo de relaciones porque le permiten satisfacer necesidades no cubiertas.
Que es lo mismo que ocurre en relaciones de pareja, amistades y relaciones familiares en la vida adulta.
Tu peque se sigue relacionando con Pepita, la popular, porque necesita:
ser vista
ser aceptada
encajar
ser parte del grupo
Tu peque se sigue relacionando con Pepito, el guay, porque necesita:
destacar
ser visto
ser aceptado
encontrar su sitio
Y, por desgracia, son necesidades que tú no puedes cubrir en su ámbito social. Por muy doloroso que resulte.

Así que, ante este drama, ¿qué podemos hacer?

  1. En primer lugar, genera siempre espacios de diálogo en casa donde sentir la confianza y la tranquilidad de que se puede compartir cualquier cosa.
  2. En segundo lugar, observa muy bien cuáles son esas necesidades y expresa incluso experiencias propias donde te hayas sentido así. Es posible que tu peque no pueda expresar con claridad, todavía, lo que le está ocurriendo y lo que siente. Pero sí puede conectar con tus emociones y con cómo le hagas sentir.
  3. A continuación, el punto fundamental es hacer un trabajo profundo en su autoconcepto. Refuerza de forma verbal sus cualidades y puntos fuertes (especialmente en lo relativo a su relación con sus iguales o a la forma de vincularse). Y cómo todos ellos le permiten disfrutar de muchas cosas en su día a día.
  4. También es importante que tengamos en cuenta qué emociones se despiertan en cada contexto (cole, patio, casa, calle…) para ir trabajando en herramientas concretas que le ayuden a autorregularse.
  5. Y, por supuesto, hay que hacer un trabajo en el establecimiento de límites. Es probable que tu peque ya haya empezado a desarrollar una conciencia clara sobre lo que está bien y lo que está mal. Ahora es el momento de aumentar la profundidad en este aspecto. Y desarrollar una conciencia sobre lo que le hace bien y lo que le hace mal. Que no es lo mismo. Y, una vez que tenga este punto claro o más avanzado, tu peque puede entrenarse en herramientas concretas de comunicación respetuosa que le vayan ayudando a decir que no cuando quiere decir no, a poner fin a un juego o a elegir a otras personas con las que pasarlo bien.
Todo este proceso es el que trabajo con mis Familias Girasol. Cada familia tiene sus necesidades concretas y cada peque es un mundo precioso y maravilloso único que requieren este impulso. No es un trabajo que se consiga de un día para otro. Es un trabajo profundo y lento, pero con un gran beneficio en el bienestar de tu peque y en la construcción de su autoestima.
Y antes de despedirme quiero recordarte una cosa. Del mismo modo que tu peque se queda anclada a Pepita, la popular o se queda anclado a Pepito, el guay porque hay unas necesidades no cubiertas; Pepita y Pepito tienen ese comportamiento “tóxico” porque también hay necesidades no cubiertas. Son las dos caras de una misma moneda. Quería recordártelo para fomentar tu mirada compasiva también hacia esos peques. Aunque una cosa está clara, puede que no le vengan bien a tu peque. Y eso está bien. No todos tenemos que ser amigos de todos.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *