Hoy os traigo un post muy sencillo, pero muy oportuno para estos primeros días de cole que estamos viviendo. Quería compartir con vosotros un poema titulado
«Los 100 lenguajes de los niños y niñas«, del pedagogo italiano Loris Malaguzzi, inspirador de la metodología de Reggio Emilia. Este poema ha llegado a mí a través del libro
«Piezas sueltas«, de Priscilla Vela y Mercedes Herrán (una joya de la que os hablaré en otro momento).
Este poema quiere transmitir un mensaje sobre el lugar que juega la educación respecto a la creatividad, pues en lugar de fomentarla, la limita. Pero yo hago otra lectura más positiva y optimista. Este poema nos abre los ojos sobre todo lo que nuestros alumnos pueden ofrecernos, sobre su inocencia y su forma tan limpia y honesta de ver el mundo. Este poema es una invitación a poner nuestro foco de atención en cada uno de nuestros alumnos y explotar todas sus cualidades y puntos fuertes al máximo durante este nuevo curso que acaba de comenzar.
EL NIÑO ESTÁ HECHO DE CIEN
El niño tiene
cien lenguas
cien manos
cien pensamientos
cien maneras de pensar
de jugar y de hablar
cien, siempre cien
maneras de escuchar
de sorprenderse, de amar
cien alegrías
para cantar y entender
cien mundos
que descubrir
cien mundos
que inventar
cien mundos
que soñar.
El niño tiene
cien lenguas
(y además cien, cien, y cien)
pero se le roban noventa y nueve.
La escuela y la cultura
le separan la cabeza del cuerpo.
Le hablan:
de pensar sin manos
de actuar sin cabeza
de escuchar y no hablar
de entender sin alegría
de amar y sorprenderse
sólo en Pascua y en Navidad.
Le hablan:
de descubrir el mundo que ya existe
y de cien
le roban noventa y nueve.
que el juego y el trabajo,
la realidad y la fantasía,
la ciencia y la imaginación,
el cielo y la tierra,
la razón y el sueño,
son cosas
que no van juntas.
que el cien no existe.
En cambio el cien existe.
Me gusta especialmente este final del poema en el que el niño, a pesar de todo, se mantiene firme en su creencia de que el cien existe. ¿No es algo maravilloso?
En este momento, yo, como una niña más, también afirmo que el cien existe. Existen cien formas diferentes de acercarnos a nuestros alumnos, de comprenderles, de trabajar con sus familias. ¿Acaso no necesitamos también nosotros, como adultos, sentirnos respetados y comprendidos en nuestra individualidad? Existen cien formas diferentes de aprender juntos, respetar nuestras necesidades y construir entre todos un mundo mejor. Así que, ¿a qué estamos esperando?